Señales, el incierto pendular del cordobesismo peronista
- Telediario Digital
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Por Guillermo Geremía
El tic tac…tic tac…del reloj electoral cada vez es más perceptible. El vacío de poder que deja el fracaso del modelo libertario de Javier Milei hace sonar más fuerte el inexorable avance de la aguja del tiempo rumbo a las urnas. El peronismo cordobesista, que no es lo mismo que el cordobesismo peronista, parece estar reiniciando un lento pero indisimulable “recalculando”. Ese péndulo, de movimientos no uniformes, esta semana tuvo al menos tres puntos magnéticos que lo atrajeron.

Un ministro de visita a la mujer ícono de la resistencia frente al negacionismo reinante. Un intendente de gira mediática en la Capital Federal repartiendo mandobles y el mismísimo gobernador recibiendo sin registro fotográfico al nuevo experimento outsider de la política argenta. Como bonus truck, peronistas de distinto pelaje en la búsqueda de la tropilla a la cual aparearse. Pero hay demasiados cencerros sonando y muchos no saben para que lado galopear.
“Para mí, más allá que fui como Ministro, compartir un té y una charla con Estela de Carlotto en su casa, es una de las mejores cosas que me pasó en mi vida política”. En esa dimensión puso Miguel Siciliano al encuentro con la principal referente de Abuelas de Plaza de Mayo que a sus 95 años regula sus salidas y dosifica las visitas que recibe para cuidar su otoñal salud. El titular de la cartera de Vinculación y Gestión de Córdoba aseguró que la visita se enmarcó en un encuentro protocolar con razones fundadas pero no logró evitar que se haga una lectura de clara intencionalidad político partidaria.
“Se dio en el marco de una visita que hicimos a la Agrupación Abuelas de La Plata que quería reconocer al gobierno de Córdoba por la participación en la búsqueda (de restos óseos) que se realizó en La Perla”, aseguró Siciliano en declaraciones al programa radial ASÍ SON LAS COSAS. La pieza clave en el ajedrez de Llaryora no pudo evitar las interpretaciones en los extremos de esa foto con Estela. La referente de las abuelas está plenamente identificada con los gobiernos peronistas-kirchnerista y eso fue usado por los libertarios y radicales “con peluca” para sacar partido. “Que nos identifiquen como un gobierno que estuvo del lado de los derechos humanos para mí es un orgullo, pero está mal que nos digan ‘kirchneristas’, porque no lo somos. Lo que hace el Gobierno Nacional en este tema de los derechos humanos para mí está muy mal. Lamento que no podamos discutir este tema de verdad”, aseguró el yerno de Olga Riutort, ex esposa del fallecido gobernador De la Sota.
La cita familiar es adrede para recordar que no siempre el Partido Justicialista de Córdoba estuvo plenamente alineado con la lucha de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. En el 2013, José Manuel De la Sota fue repudiado por organizaciones de derechos humanos por criticar a lo que dio en denominar la “política del resentimiento” y sugirió reducir las penas a los ex represores a cambio de que brinden información sobre los desaparecidos.
“Hay algunos cortos de mente que no entienden que la lucha de los derechos humanos y Abuelas no tiene partido político”, se despachó Siciliano en declaraciones a 102.9 La Gospel. Y agregó, “la búsqueda de ellas (por las madres y abuelas) no puede ser rotulada por un partido político. Todos tenemos que reconocer que aquellas familias que perdieron a un ser querido merecen saber dónde está. El Gobierno de Córdoba cree en los derechos humanos y en la lucha de las Abuelas”. Estas declaraciones no son un principio de revelación pero sí, un claro posicionamiento en la vereda opuesta a las ideas negacionistas de Milei en la materia.
A esta primera señal del péndulo del gobierno cordobesista debe sumarse otra de la misma semana que pasó. La gira mediática de Daniel Passerini, que visitó espacios de comunicación que comulgan ideas antagónicas con el gobierno de Milei. Descargó una batería de cuestionamientos y críticas a las políticas y sus costos que deja la “huella de carbono” de Toto Caputo y los ‘jipimorgueros’ en el ambiente económico y social para la mayoría de los “argentinos de bien”.

Passerini apareció en escena como si fuera el auto muleto del peronismo cordobesista, que no es lo mismo que el cordobesismo peronista. El médico que cogobierna la capital provincial con el propio Martín Llaryora –la mayoría de las obras y políticas del gobierno provincial tienen a la gran urbe como principal destinataria- no es todavía aún un actor principal de la escena política nacional sino más bien integrante del elenco de reparto de los herederos del poder de De la Sota y Schiaretti.
“Yo pienso lo mismo que dijo Daniel. El gobierno Nacional tiene que dejarse de joder con la gente”, sostuvo Siciliano en el más directo lenguaje coloquial que se pueda ejercer sin caer en la procacidad. “Nosotros no estamos para pelearnos más o menos con Milei, no nos interesa eso, estamos para defender a Córdoba. Ni Luis Juez, ni Rodrigo De Loredo, ni Gabriel Bornoroni defienden a Córdoba”, el ministro alistó a su ejército de palabras aprovechando la semana de bronca que el PAMI, lo discapacitados, los jubilados, los transportistas y los intendentes, destilaron sobre las políticas de “las fuerzas del cielo”, cuestionadas por quienes tienen los pies en la tierra.
La tercera señal no podía ser la vencida. No había que tender tantos puentes al otro peronismo que hizo nacer el peronismo cordobesista. Por eso, en una reunión sin la habitual foto de registro, el gobernador Llaryora se encontró con el pasteurizado pastor Dante “No lo sé” Gebel, que es impulsado como el nuevo outsider de la política argentina. El alisado “comunicador” con domicilio en los Estados Unidos es un nuevo experimento del laboratorio político para que el poder real siente a otro de los suyos en el sillón de Rivadavia.
“Creo que se hace una lectura por lo menos apurada. Martín es un hombre con mucho diálogo, cree en la construcción de un gobierno nacional que incluya a todos los espacios, un espacio grande que sea productivista, que hable menos de peleas entre partidos políticos y peleas ideológicas que hable más de ideas que encuentran la palabra empleo, producción y trabajo. Y en ese sentido, como gobernador de Córdoba, Martín siempre se va a reunir con todo dirigente o personas que puedan tener injerencia sobre el nuevo armado nacional. Por ahora yo no hago otra lectura que no sea la de un dirigente que dialoga con todos y escucha a todos”. Si el Gebelismo se hace realidad seguiríamos esperando respuestas celestiales antes que la resolución de los asuntos reales de las personas de carne y hueso. De las energías estratosféricas mutaríamos a un profeta proveniente de Los Ángeles.
También son señales del cordobesismo peronista las búsquedas de Natalia De la Sota con sectores radicales que están exiliados del escudo rojo del martillo más la pluma y la boina blanca. La Diputada Nacional primero se encontró con Federico Storani en Río Cuarto y luego con Leandro Santoro en Buenos Aires. Explorando caminos de su Norte político todavía no encontró la señal reveladora de por dónde transitará su futuro. O retiene el legado Massista que heredó de su padre, o construye un frente propio con patrullas perdidas de otros partidos, se abraza a la posibilidad de cerrar filas con el peronismo de Kicillof o vuelve a transitar los puentes que tuvo y tiene con el justicialismo de Córdoba que ejerce el poder desde 1999 en el provincia mediterránea. Si Sergio Massa eligiese el rumbo de enfrentar a Kicillof en una interna por la Presidente va a tener de aliadas a dos mujeres que están enemistadas por culpa de un mismo hombre. Adriana Nazario, última pareja de De la Sota y Natalia, la hija, que militó en contra de la blonda productora agropecuaria en su frustrada intención de ser Intendenta de Río Cuarto.

Con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, ya lanzado al ruedo de su candidatura presidencial se alinearon dos sectores cordobeses que comulgan poco y nada. Por un lado el ex Diputado Nacional Carlos Caserio que aprovechó una comunicación virtual con el economista para arrogarse -con la velocidad de la luz- su representación en Córdoba. “Caserio puede expresar un sentimiento de proximidad hacia Kicillof, pero nadie hoy tiene la representación de Axel. La idea no es monopolizar en un sólo dirigente su representación, sería un error político”, se apuró a decir en la visita a su Río Cuarto natal el ex Diputado Nacional Eduardo Di Cola. Por el otro lado. Quien fuera funcionario de Néstor Kirchner, como máxima autoridad del Correo Argentino, hoy trabaja para Kicillof alineado con uno de los integrantes de la mesa chica del gobernador bonaerense, el ministro de Asuntos Agrarios Javier Rodríguez.

Las múltiples señales que está dando el cordobesismo peronista parecen propias de una brújula desmagnetizada. Pero a todas las orienta una misma razón. El cada día más evidente fracaso del gobierno de Milei. Unos no pueden disimular sus notorias debilidades y otros no logran organizar sus potenciales fortalezas. Todos se abrazan a una única certeza. En política y en la acumulación del poder nada es para siempre. Unos y otros lo saben.
Así son las Cosas.
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