Inflación al plato: la carne subió más del 10% en marzo
- Telediario Digital
- hace 14 horas
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El fuerte aumento de la carne en marzo impactó de lleno en el IPC y volvió a golpear el bolsillo. En paralelo, la falta de recursos en municipios del interior obliga a reemplazar pagos en efectivo por vales de comida.
El precio de la carne volvió a ubicarse en el centro de la escena económica. Durante marzo, los cortes vacunos subieron 10,6% en el AMBA, según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, y fueron uno de los principales motores de la inflación en la Ciudad de Buenos Aires, que alcanzó el 3% en el mes.
El impacto fue directo: dentro del rubro alimentos, el informe del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires señaló que “Carnes y derivados” treparon 6,3%, empujando el índice general. En términos interanuales, la carne acumula un incremento del 68,6%, consolidándose como uno de los productos que más presión ejerce sobre el consumo cotidiano.

La suba no fue homogénea. Mientras en supermercados el aumento fue del 7,1%, en carnicerías de barrio alcanzó el 12,2%, reflejando una brecha que golpea con más fuerza en los sectores populares. Entre los cortes, la picada común encabezó los aumentos con un 20,4%, seguida por la carnaza y la falda. Hoy, el asado ronda los $18.617 por kilo y el lomo supera los $27.700.
El problema no se limita al consumo: empieza a trasladarse a las finanzas locales. En Sauce de Luna, Entre Ríos, el intendente Alcides Alderete decidió reemplazar un bono de $30.000 por un ticket alimentario de $50.000 ante la falta de liquidez.
“Nadie paga un impuesto; todos eligen comer”, resumió el jefe comunal, en una frase que expone la crudeza del momento.
El dato no es menor: el 94% de los vecinos dejó de pagar tasas municipales, lo que evidencia un quiebre en la recaudación local. A esto se suman cuentas embargadas y recursos limitados, una combinación que empuja a soluciones de emergencia que recuerdan a crisis anteriores en el país.
Este escenario vuelve a poner en discusión la desigualdad territorial. Mientras el dato inflacionario se mide en grandes centros urbanos, las consecuencias más severas aparecen en municipios chicos, donde la caída del poder adquisitivo y la baja recaudación impactan directamente en el funcionamiento del Estado.
En paralelo, el consumo empieza a mutar. Con un kilo de asado se pueden comprar casi 4 kilos de pollo, lo que marca un corrimiento en la dieta de los argentinos. La carne vacuna, históricamente central, pierde terreno frente a alternativas más económicas.
A corto plazo, algunas proyecciones indican que los precios podrían estabilizarse, pero el problema estructural persiste: menor stock ganadero, alta inflación y caída del ingreso real.
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