Armado con pistolas y cuchillos, Cole Allen, ingeniero de 31 años, saltó los controles de seguridad para llegar al salón donde estaba el presidente Donald Trump y sus principales funcionarios con el objetivo de asesinarlos, según la acusación de los fiscales contra este hombre que resultó detenido antes de que pudiera lograr su cometido, en medio de la cena anual de periodistas acreditados en la Casa Blanca.
No tenía antecedentes penales, había comprado las armas legalmente y sus conocidos, sobre todo sus compañeros de grupos cristianos, dicen que jamás hubieran pensado que Allen, que trabajaba como tutor de alumnos del secundario, era capaz de cometer acto semejante.
Antes del ataque, el hombre envió a sus familiares un manifiesto en el que intentaba explicar los motivos. “Soy ciudadano de los Estados Unidos de América. Lo que hacen mis representantes me representa a mí. Y ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”, escribió en aparente referencia a Trump y el caso Epstein. En el documento, Allen intentó refutar posibles observaciones sobre su accionar que le podrían hacer desde el cristianismo.
Es el tercer episodio de violencia que sufre Trump desde hace casi dos años, luego del ataque en Buttler que terminó con una herida en la oreja, y el arresto de otro hombre que buscó dispararle cuando jugaba al golf en Florida. Ninguno de los atacantes tenía antecedentes y nadie sospechaba de una radicalización.
Expertos en violencia política consultados por Clarín como Brian Levin, fundador del Centro para el Estudio del Odio y el Extremismo, señalan que “recientemente hemos observado un cambio, con una creciente diversificación de los delincuentes que planean o ejecutan actos de violencia política en Estados Unidos”.
Una imagen de Cole Allen, el hombre acusado de intentar asesinar al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: EFE
Diversificación ideológica
Levin advirtió que “estamos presenciando una diversificación ideológica y una creciente influencia de resentimientos personales en relación con los ataques. Además, en todo el espectro ideológico, vemos más individuos que actúan en solitario, muchos de los cuales experimentan angustia psicológica o emocional situacional. Si bien pueden actuar solos, a menudo forman parte de un ecosistema en línea hostil que refuerza los prejuicios y etiqueta a los enemigos como objetivos legítimos de agresión”.
Kurt Braddock, profesor de Comunicación Pública en American University y especialista en estrategias persuasivas de grupos extremistas, señaló a Clarín que “parece haber un repunte en quienes actúan motivados por la animosidad contra figuras y objetivos de derecha. Cabe aclarar, sin embargo, que en los últimos años, los ataques y los intentos de ataque de la izquierda han sido mucho menos frecuentes que los de la derecha”.
Según una investigación del año pasado del Center for Estrategic and International Studies (CSIS) “en los últimos años, Estados Unidos ha experimentado un aumento en el número de atentados y complots terroristas de izquierdas, aunque dicha violencia ha aumentado desde niveles muy bajos y sigue siendo mucho menor que los niveles históricos de violencia perpetrada por atacantes de derechas y yihadistas”.
El experto cita un estudio del “Bridging Divides Initiatives” de la Universidad de Princeton, que señala que “el riesgo de violencia política se intensificó el año pasado y continuará empeorando en 2026”, según dijo la directora Shannon Hiller. El reporte advierte que la violencia y las amenazas contra funcionarios y políticos crecen en años electorales. Y señala además que 2026 está en una “peligrosa trayectoria”.
Donald Trump, durante la conferencia de prensa luego del intento de ataque del sábado. Foto: REUTERS
Donald Trump, una figura "polarizante"
Braddock señala que “no existe un perfil estándar de atacante político. Personas de todos los ámbitos, ideologías, religiones y orígenes pueden ser susceptibles a participar en actos de violencia, aunque la decisión de hacerlo es muy poco común, a pesar de los intentos de ataque de alto perfil como el que vimos en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca”.
Sin embargo, el experto advierte que “Donald Trump es una figura increíblemente polarizante. Desde 2015, ha utilizado una retórica y promovido políticas que algunas personas han interpretado como ataques a sus derechos fundamentales y a su humanidad”.
Y agrega que “este ataque en particular parece haber estado motivado, en parte, por la supuesta relación de Trump con Jeffrey Epstein. Los potenciales atacantes perciben agravios que creen que deben resolverse mediante la violencia. Desafortunadamente, quienes intentan estos ataques parecen creer que son la mejor manera de abordar sus agravios”.
“Creo que es indiscutible que la creciente polarización en Estados Unidos ha llevado a un mayor uso de una retórica que alude al uso de la violencia como medio viable para resolver diferencias políticas. Una vez más, la extrema derecha ha superado a la extrema izquierda en este tipo de lenguaje, pero la izquierda no ha sido inmune a él”, señala.
Para Erica Frantz, profesora asociada de Ciencias Políticas en Michigan State University, experta en política autoritaria y democratización, “Estados Unidos está experimentando un repunte de la violencia política. Si bien no carece de precedentes históricos, es motivo de preocupación, ya que es síntoma de una democracia debilitada”.
“La insurrección del Capitolio en 2021 fue el detonante de la actual ola de violencia, perpetrada por simpatizantes de derecha de Trump. Dado que Trump y otros miembros de la derecha no condenaron la violencia —e incluso, en cierto modo, la avalaron al indultar a muchos de los perpetradores—, no sorprende que la situación se esté descontrolando”, dijo a Clarín.
“Los extremistas de ambos lados del espectro político ven ahora la violencia como una forma de expresar sus ideas. Para poner fin a este ciclo devastador, es fundamental que nuestros líderes políticos intenten unir a la ciudadanía estadounidense mediante mensajes de unidad, solidaridad y compasión”, agregó.
El Polarization Research Lab recopiló datos tras el asesinato en septiembre de 2025 del activista conservador Charlie Kirk. Concluyó que menos del 1 por ciento de los estadounidenses consideraba aceptable el asesinato por razones partidistas. "Este rechazo casi total demuestra que no existe una base significativa para la violencia política en Estados Unidos", según su informe.
Sin embargo, sus cifras también indican que más del 90 por ciento de los estadounidenses temen a la violencia política. Casi un tercio dijo que no quería colocar un cartel político en su jardín o una calcomanía en su auto porque temía ser atacado. El reporte señala que, de hecho, este miedo podría ser el efecto colateral de la violencia dirigida contra los líderes del país porque ha fomentado un clima en el que incluso muchos estadounidenses comunes ya no creen que puedan expresar sus ideas políticas y desacuerdos de forma segura.
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