La visita de Estado del rey Carlos III y la reina Camila a Washington se produce en un momento en que la relación entre Gran Bretaña y Estados Unidos atraviesa turbulencias, con el presidente Donald Trump habiendo lanzado insultos repetidamente al primer ministro Keir Starmer por su negativa a unirse a la guerra de Irán.
Sin embargo, el papel de la monarquía británica, que es oficialmente apolítica, ha sido a menudo el de distraer del desorden de la política cotidiana y, a través del ritual y la ceremonia, señalar algo más duradero.
Aquí hay algunos momentos fundamentales en visitas reales británicas anteriores a los Estados Unidos.
1. Hot dogs y construcción de puentes
En junio de 1939, el rey Jorge VI se convirtió en el primer monarca británico reinante en poner un pie en los Estados Unidos.
La visita de Jorge VI y la reina Isabel a Washington DC, en 1939. Foto: AP
El viaje se produjo unos 160 años después de la Declaración de Independencia y tenía un objetivo específico. Con las agresivas ambiciones territoriales de Hitler volviéndose claras y la guerra en Europa acechando, Gran Bretaña necesitaba fortalecer los lazos con un Estados Unidos cada vez más poderoso, pero oficialmente neutral.
Al rey y a su esposa, la reina Isabel (más tarde conocida como la Reina Madre), se les sirvieron hot dogs, dulce de arándanos y pastel de frutillas en un picnic en el refugio familiar del presidente Franklin D. Roosevelt, Top Cottage, cerca de Hyde Park, Nueva York.
La reina Isabel y Jorge VI en Washington. Foto: AP
"Se comprobó que el Rey no solo volvió por más hot-dogs, sino que tomó cerveza con ellos", escribió un reportero del New York Times en aquel momento.
El rey anotó en sus apuntes que había planteado el tema de la guerra que se avecinaba con Roosevelt. "Al mencionar la Ley de Neutralidad, el presidente nos dio esperanzas de que se pudiera hacer algo para que fuera menos difícil para los EE.UU. ayudarnos", escribió Jorge.
El viaje representó un breve momento de optimismo en un panorama político cada vez más sombrío. En tres meses, Hitler invadiría Polonia y comenzaría la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos no entró en la guerra hasta después del ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, aunque Roosevelt comenzó a proporcionar algo de ayuda militar a Gran Bretaña en 1940.
2. Una ofensiva de encanto
Una princesa Isabel de 25 años llegó a Washington con su esposo, el príncipe Felipe, en octubre de 1951 después de un viaje a Canadá. La princesa causó una impresión muy positiva en los Truman, incluyendo a la hija del presidente, Margaret Truman, quien estuvo entre los que recibieron a Isabel y Felipe en el aeropuerto.
Una princesa Isabel de 25 años junto a Harry Truman, en 1951. Foto: Reuters
"Sinceramente lamento que no puedan ir de un extremo al otro del país, como hicieron en Canadá", le dijo el presidente Harry S. Truman a Isabel en su discurso de bienvenida, "y dejar que todos en el país tengan la oportunidad de conocerla, porque Margaret me dice que cada vez que alguien la conoce, se enamora inmediatamente de usted".
Al año siguiente, Jorge murió a los 52 años e Isabel se convirtió en reina.
3. Suez y scons
La primera visita de Isabel a los Estados Unidos como monarca fue en 1957 y ayudó a restaurar las buenas relaciones tras la desastrosa crisis de Suez, que había dañado gravemente la reputación de Gran Bretaña en el escenario mundial.
Con el presidente Dwight E. Eisenhower como anfitrión, la reina y Felipe se alojaron en la Casa Blanca en las mismas suites que los padres de Isabel en 1939. Al darles la bienvenida, el presidente subrayó la perdurabilidad de la amistad entre EE.UU. y el Reino Unido a pesar del desacuerdo sobre Suez, diciendo: "Esos lazos han crecido en periodos de tranquilidad y paz".
Dos años más tarde, los Eisenhower correspondieron con una visita a Balmoral, la residencia real en Escocia. En un ejemplo sorprendente de las muchas formas que puede adoptar la diplomacia real, Isabel llegó a compartir una receta en una carta manuscrita de 1960:
"Querido Sr. Presidente,
Ver una foto suya en el periódico de hoy de pie frente a una barbacoa asando codornices, me recordó que nunca le había enviado la receta de los 'drop scones' que le prometí en Balmoral.
Ahora me apresuro a hacerlo, y espero de verdad que le salgan bien..."
4. La siguiente generación
En 1970, una nueva generación asumió la tarea de pulir las relaciones anglo-estadounidenses. Carlos, entonces el Príncipe de Gales de 21 años, y su hermana, la princesa Ana, visitaron Washington para lo que el The New York Times llamó "una visita de dos días informal pero extenuante".
El príncipe Carlos junto a Nixon en 1970. Foto: AFP/ archivo
El reportero del Times, Christopher Lydon, dejó claro que el viaje fue más relajado, y probablemente más divertido, que las visitas de Estado realizadas por la monarca:
"Los verdaderos anfitriones de los visitantes reales son las hijas del presidente, Tricia y Julie, y el marido de Julie, David Eisenhower, quienes juntos han planeado una ronda de juegos, turismo y fiestas en las que rara vez se verá a personas mayores de 30 años, si es que se ven".
5. Un largo camino desde 1776
Doscientos años después de que Estados Unidos declarara su independencia de Gran Bretaña y criticara al rey Jorge III por sus "repetidas injurias y usurpaciones", Isabel II viajó a Washington para ayudar a celebrar ese momento.
El Presidente Gerald Ford baila con la reina Isabel II en la Casa Blanca. Foto: Reuters
El presidente Gerald R. Ford le agradeció su "visita muy oportuna y su graciosa participación en esta gran reafirmación del orgullo estadounidense".
La primera dama de entonces, Betty Ford, escribió más tarde en sus memorias:
"Era fácil tratar con la Reina. Era muy clara sobre lo que quería y lo que no quería. Le encantan Bob Hope y Telly Savalas, así que invitamos a Bob Hope y Telly Savalas".
6. Una tormenta, pero navegación diplomática tranquila
La reina recurrió a un tema de conversación clásico británico para aligerar su discurso en una cena con el presidente Ronald Reagan en San Francisco en marzo de 1983.
"Sabía antes de venir que habíamos exportado muchas de nuestras tradiciones a los Estados Unidos", dijo. "Pero no me había dado cuenta antes de que el clima era una de ellas".
Isabel había planeado navegar hasta Santa Bárbara, California, en el yate real, Britannia, como parte de su visita de 10 días a los Estados Unidos. Pero una fuerte tormenta forzó un cambio de planes, y en su lugar la reina y el príncipe Felipe tuvieron que tomar un avión de la Fuerza Aérea de los EE.UU. hacia la cercana Goleta, donde fueron recibidos por el presidente y su esposa, Nancy, y conducidos a la casa de los Reagan en Santa Bárbara.
La reina agradeció al presidente su apoyo a Gran Bretaña en la guerra de las Malvinas, que había tenido lugar el año anterior.
En una nota de agradecimiento a Ronald Reagan, la reina escribió:
"Espero que esta visita haya servido para fortalecer aún más la amistad entre nuestros países y para recordar al mundo que somos aliados para siempre".
7. Un baile famoso
Carlos, entonces Príncipe de Gales, visitó nuevamente los Estados Unidos en 1985, esta vez con su primera esposa, Diana.
El viaje de tres días no tuvo una gran importancia diplomática, pero sí produjo un momento cultural deslumbrante en la Casa Blanca, capturado por el fotógrafo Pete Souza: Diana, con un vestido de terciopelo azul noche, bailando con John Travolta al ritmo de la banda sonora de "Saturday Night Fever".
Diana, con un vestido de terciopelo azul noche, bailando con John Travolta al ritmo de la banda sonora de "Saturday Night Fever". Foto: Reuters
Según la Biblioteca Presidencial de Ronald Reagan, el baile fue "un momento bien orquestado y organizado por la propia Sra. Reagan". Al parecer, Diana le dijo a la primera dama que quería bailar con Travolta, y Nancy Reagan lo hizo posible.
8. Dirigiéndose al Congreso
En 1991, Isabel II alcanzó otro hito al ser la primera monarca británica en dirigirse al Congreso, a petición del presidente George H.W. Bush.
Karen de Witt, que cubrió el evento para el Times, describió la ovación de pie para la reina cuando entró en la cámara. Pero también señaló que algunos legisladores boicotearon el discurso para protestar por las acciones del Estado británico en Irlanda del Norte.
Isabel II junto a George HW Bush en el Jardín Sur de la Casa Blanca, en 1991. Foto: AP
En su discurso, la reina agradeció a Estados Unidos su liderazgo en la guerra del Golfo Pérsico de ese año, al tiempo que advirtió contra la confianza en la fuerza militar:
"Algunas personas creen que el poder nace del cañón de un arma. Así puede ser, pero la historia demuestra que nunca crece bien ni por mucho tiempo. La fuerza, al final, es estéril. Nosotros hemos ido por un camino mejor: nuestras sociedades descansan en el acuerdo mutuo, en el contrato y en el consenso".
Este artículo apareció originalmente en The New York Times.
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