Subido a una plataforma, en medio de un viñedo en Mendoza, Natalio Faingold mira el horizonte, de cara al sol, tararea los primeros acordes de Lamento Boliviano. El hit que compuso 42 años atrás es la primera canción de rock argentino en alcanzar los mil millones de reproducciones en Spotify.

Considerada un himno del rock latinoamericano, la canción trascendió fronteras con la versión de los Enanitos Verdes (grabada en 1994, en el disco Big Bang), pero la original es de la banda mendocina Alcohol Etílico (escrita en 1984 y lanzada en 1986) con integrantes que transitaron escenarios e historias de vida comunes con los Enanitos, que también eran mendocinos.

El récord de Lamento Boliviano, ocurrió apenas dos semanas antes de la muerte del guitarrista y fundador de Enanitos Verdes, Felipe Staiti, amigo de Faingold, con quien creó otras de las canciones más conocidas de la banda, Cordillera.

Pero, ¿cuál es la historia detrás de Lamento Boliviano? "Tengo muy presente el momento. Estaba en mi habitación, en la casa en la que vivía con mis padres y hermanos (en la ciudad de Mendoza), y agarré una guitarra Fender, porque de repente se vino a mi cabeza la música y el estribillo: "Y yo estoy aquí, borracho y loco...", recuerda Natalio.

El compositor, que en ese momento tenía 24 años, no estaba borracho ni loco, asegura que la melodía y la letra, bajó como una señal de antena en su mente.

En sus cinco décadas de carrera, Natalio Faingold no olvidará jamás el momento en el que recibió por Whatsapp un mensaje que decía "Bienvenido al club del billón". "Me puse muy contento, las canciones son como hijos que toman su vuelo propio, no dependen de nosotros", dice.

Lamento Boliviano tiene más de 70 versiones, la más conocida es la de los Enanitos Verdes, pero también está la de Turf, una de cumbia y versiones en España y Turquía. "En el caso de los Enanitos, fue algo mutuo: ellos la llevaron a otro nivel a esta canción y Lamento... también los hizo trascender a ellos", reflexiona Faingold.

Felipe Staiti y Marciano Cantero, los músicos fundadores de los Enanitos Verdes. Foto;: AP

Al autor no le gusta su versión

Acomodado en un sofá de cuero de la quinta de su amigo Mike Tango Bravo, Faingold confiesa algo inesperado: "A mi no me gusta la versión de los Alcoholes (la manera coloquial en la que habla de su grupo Alcohol Etílico), más allá de que la compuse, no fui quien la grabé. En cambio, Los Enanitos Verdes la grabaron en un estudio en Los Ángeles, con un estilo y sonido muy cuidado".

Recuerda que fue una época muy inspiradora, en la que sonaba mucho Clics modernos, de Charly García. "A Lamento Boliviano lo pensé como un bolero, algo lúdico, pero con sentimiento profundo. Esa canción creo que la grabé en un casete para no olvidarme. Me fui a bañar, volví y la completé", dirá Faingold, abrazado a su guitarra acústica.

Después llevó ese tema a la sala de ensayo de Alcohol Etílico. Empezaban a tocar a la medianoche, en la casa de Chacras de Coria de los padres de Dimi Bass, su coautor. Fue allí la primera vez que la tocaron y la grabaron en un casete. Se probó en escenarios locales, en bares, en los clubes, y rápidamente prendió en Mendoza.

A las pocas semanas, Natalio y su hermano iniciaron con un grupo de amigos un viaje hasta el Machu Pichu. "Fue muy especial, donde no estaba desarrollado el turismo y te movías entre la gente del lugar, en los trenes viajábamos en segunda, nos metimos a todos lados", recuerda.

El nombre de la canción apareció a la vera del río Urubamba, cuando Faingold iba subiendo en el tren hacia Aguas Calientes (Cusco, Perú). "Había alguien cantando una canción muy triste, era un coya y le pregunto qué le pasaba, Nos cuenta que había perdido la cosecha, había perdido todo", dice.

Natalio Faingold, en Mendoza. Dice que los Enanitos Verdes llevaron "Lamento Boliviano" a otro nivel. Y que fue mutuo: le sirvió tanto a la canción como a la banda. Foto: Ramiro Gómez

A la letra le sumó el lamento del agricultor. Pero la canción la terminó Dimi Bass, el bajista de Alcohol Etílico. Y Faingold explica: "Cuando vuelvo de Perú me dice Dimi, ‘Mirá, encontré la canción que dejaste acá en un casete. Le agregué unas cosas’, me encantó y ahí quedó armada". Fue grabada en 1986 con el título Soy como una roca.

Dimi contó que la letra lleva la influencia de los libros de Gabriel García Márquez o Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano. Faingold, refuerza, "es la parte que dice: Nena no te acuestes en la cama... No sé cómo la hice, cómo tuve la cabeza para escribir algo así y que tan fácil haya salido".

Una historia de amistad y complicidades

Natalio Faingold cuenta que tocó mucho con Felipe Staiti y que tiene muchas canciones inéditas junto a él, que quisiera que salieran a la luz. Foto: Ramiro Gómez

Los Enanitos Verdes no le pidieron autorización para grabar la canción, porque al ser un cover no se necesitaba ese permiso. Pero sí había una complicidad de amigos y compañeros de muchos años, en lo que fue la movida del rock de finales de los '70 y '80 en Mendoza, por lo que a nadie le sorprendió que la grabaran Marciano Cantero y los suyos.

Faingold arrancó su carrera en bandas mendocinas, primero Altablanca (referente del rock de los 70) y después Alcohol Etílico, que compartió algunos músicos con los Enanitos Verdes como, Sergio Embrioni y Horacio Gómez.

"Con Marciano Cantero nos conocíamos de la movida del rock barrial, y con Felipe Staiti desde el colegio, porque yo era compañero de su hermana en el Colegio Universitario Central secundario mendocino que ha sido una usina de arte, donde también estudió Dimi Bass", recuerda.

La reciente muerte de Felipe Staiti es un dolor difícil de sobrellevar. "Estábamos en permanente contacto. Felipe tocó en muchas de mis bandas, y hemos grabado un montón de cosas juntos, aunque siempre su pertenencia fue los Enanitos Verdes", dice Faingold. Y revela que tiene muchas canciones inéditas grabadas con el guitarrista de los Enanos... y que le gustaría que salgan este año.

Felipe Staiti, el guitarrista de los Enanitos Verdes, que murió el 13 de abril. Foto: Ariel Grinberg

La creación vs IA

Faingold estudió piano desde los cinco años, impulsado por su mamá. "Nací en una casa de músicos. Mi mamá tocaba el piano y escuchábamos música todo el tiempo. Además mi papá era muy amigo de Armando Tejada Gómez y Mercedes Sosa. Vivíamos en un ambiente muy cultural, donde la música era muy importante", describe.

Fue a la Escuela de Música y abandonó las bandas de rock para estudiar composición musical en los Estados Unidos. Vivió 20 años en Londres, donde nacieron sus cuatro hijos, y en los últimos años instaló su estudio en Uruguay, cerca de La Juanita, junto a su novia Giada Valsecchi. Sus últimas creaciones fueron una obra fusión de rock y folclore sobre El Futre (el fantasma sin cabeza) y otra con la historia, de Deolinda, la Difunta Correa.

Natalio Faingold grabó la primera versión de "Lamento Boliviano", junto a su banda, Alcohol Etílico. Foto: Ramiro Gómez

Respecto a la amenaza de la IA para la composición musical, el músico mendocino sostiene: "Entre los '70 y '90, el mundo estaba dividido entre la música disco y el rock, la música conceptual y la de entretenimiento, pero creo que hay dos conceptos válidos: la música es buena o mala, no importa si es rock, reggaetón o tango", dice Faingold.

Aclara que no le gusta que convivan creaciones originales con miles de canciones creadas con IA. "Es como un juguete tonto que hace daño. Siempre le falta algo a la composición de IA. Creo que para el que escucha es cada vez más importante saber que hay un compositor humano detrás, alguien real. Por eso cada vez tiene más valor ir a un show y escuchar al músico que te gusta en vivo. No uso IA para componer, porque siempre le falta algo, es una copia, es como un pintor malo", apunta.

Y dice sobre unos de sus artistas favoritos: "No coincido con Herbie Hancock, un pianista, tecladista y compositor estadounidense de jazz admiro, quien opina que la música no la quiere nadie y los dj son más importantes. La música es mucho más importante que una computadora, y el arte va a ser siempre importante", dice.

"La música, tiene que expresar, conmover y llegar; nunca tiene que ser virtuosismo, sino que tiene venir del corazón. No soy de los músicos que se cree fantástico en algo", enfatiza.

El éxito de Lamento

Marciano Cantero, de los Enanitos Verdes, le puso la voz a la versión más exitosa de "Lamento Boliviano". Foto: diario Los Andes

Lamento Boliviano alcanzó 1.000 millones de reproducciones en Spotify, siendo la primera canción de rock pop argentino en pertenecer al club de los billones (Billions Club) junto a temas en español como Despacito, de Luis Fonsi y Daddy Yankee, o Baile inolvidable de Bad Bunny. Sólo un artista local había logrado la hazaña: Bizarrap en el 2023 con "Quevedo: Bzrp Music Sessions, Vol. 52”, pero es música electrónica y no rock argentino.

"Lamento... tiene algo visceral -analiza el creador-. La frase borracho y loco, con el corazón idiota, cree que es un mensaje conectado con el inconsciente colectivo".

Supo que era una canción universal caminando por su ciudad natal. "Escuché a la banda de la policía de Mendoza, haciendo una versión instrumental de Lamento Boliviano, y me di cuenta que había traspasado generaciones", cuenta.

Hay muchos temas que podrían haber tenido ese destino, pero nadie sabe por qué fue esta la que funcionó. "Lamento Boliviano no tiene una corporación atrás, no fue el tema de una película ni la cantó un famoso, la canción se fue abriendo camino solita, no todo está perdido".

Una anécdota resume el valor universal que puede alcanzar una canción que comenzó en un escenario barrial y sobrepasó fronteras. En 2022, durante el velatorio de Marciano Cantero (voz líder de los Enanitos Verdes, que murió por un problema renal), la cónsul de Bolivia en Mendoza le entregó una bandera al hijo del músico, en nombre de su país, y en agradecimiento. "Lamento Boliviano nos hizo famosos en el mundo, ayudó a difundir la cultura y permitió que mis compatriotas se sientan orgullosos de su origen", contó la representante boliviana.