En Madrid, Carola Reyna y Boy Olmi se mueven con la respiración serena de los que creen que (casi) nadie los reconoce por la calle. Adoran, por ejemplo, subirse a un colectivo, bajarse sin brújula y descubrir, a pesar de haber pasado decenas de temporadas en esta ciudad, algún jardín secreto. Como el del Príncipe de Anglona, un vergel nobiliario del siglo XVIII en el barrio La Latina, sólo apto para entendidos.
“Estando por acá, de golpe me olvido de que soy actriz y que soy una persona reconocida en otro lado -dirá Carola Reyna-. Con Madrid tengo mucha historia. Mucha historia de mi infancia, de mi vida, de mi hijo, que vive acá desde hace 10 años”, cuenta.
Carola fue al jardín de infantes en la capital española. “Tenía padres muy itinerantes, muy particulares, geniales y muy modernos. Muy raros -los define-. Acá, en Madrid, empecé a ir al colegio, aprendí a leer y a escribir y, a esa edad, tuve mi primera propuesta para hacer teatro”.
-¿Cómo fue eso?
-Me enteré de grande, pero parece que yo era muy charleta y una vez, un productor le pidió a mi madre si yo podía actuar de la hija menor de la familia Von Trapp en La novicia rebelde en el teatro. Mis padres dijeron que no y no me lo comunicaron hasta años después. Nunca se los perdoné. Era mi personaje favorito.
De aquí y de allá
En Madrid, Boy y Carola son forasteros que se sienten del lugar, por más paradójico que suene. Y desde que aterrizaron en Barajas, hace ya casi quince días, acumulan anecdotario de encuentros insólitos, inesperados.
Como el de Carola con su propio hijo, Rafa, que vive aquí, en un centro médico al cual ambos habían ido a parar por motivos diversos. O el de Boy, una noche en la que salió contrariado de una prueba de luces del teatro, con el hijo de su hermana, que regresaba a Buenos Aires al día siguiente y no habían podido concertar una cita para compartir unas tapas madrileñas.
Carola Reyna pasó su cumpleaños en Madrid, junto a Boy Olmi y el hijo de ella. Foto: Cézaro De Luca
“¡Feliz cumpleaños!”, le grita a Carola un señor de Ray-Ban espejados que pasa por el bar de la Plaza de la Paja en el que estamos conversando. Es Fabián, el argentino que los traslada cuando cumplen compromisos laborales.
“¿Cómo sabés que hoy es mi cumpleaños?”, pregunta Carola, sorprendida.
“Está en todas las redes”, responde Fabián.
Veinte minutos después, quien pasa cerca de nuestra mesa es el esposo de Ana Torrent, la actriz española que protagonizó, de chiquita, Cría cuervos -la película de Carlos Saura- y de más grande, Tesis, del director Alejandro Amenábar. Torrent es muy amiga de los Olmi-Reyna. Quedaron en ir a almorzar juntos para celebrar el cumpleaños de Carola.
Es la primera vez, en décadas de carrera y treinta años de pareja, que Boy Olmi y Carola Reyna se lucen, en simultáneo, en escenarios españoles.
Lo hacen en Espacio Mistral, el centro cultural pariente de la preciosa librería La Mistral, el micro-universo de libros y cultura creado por la argentina Andrea Stefanoni a pasos de la Puerta del Sol.
“Es un centro de creación y encuentro que une teatro, música, danza, cine y palabra en un solo latido. Su esencia es artes vivas y pensamiento”, se definen en Espacio Mistral.
Desde allí la pareja de actores apela a vivencias universales como los vínculos a distancia o la propia identidad.
Olmi, descalzo, representó el sábado 18 de abril la segunda función de Boy, el unipersonal que debutó en Madrid el sábado 11.
Carola, por su parte, el viernes 17 volvió a ponerle el cuerpo -tal como hizo hace una semana- a la protagonista de Okāsan. Diario de viaje de una madre, la obra se estrenó en el Picadero porteño en 2023.
“Nunca nos ha pasado. Carola y yo somos responsables de nuestros propios espectáculos en Madrid. Esto también es inédito -comenta Boy-. Cada uno con su unipersonal que habla de una forma muy directa de algo que nos atraviesa”.
Carola Reyna y Boy Olmi, de paseo por las calles de Madrid. Creen que cuando el teatro funciona es universal. Foto: Cézaro De Luca
Y más por delante
En el mismo centro cultural, él subirá a escena el 7 de mayo con La heladería, una búsqueda de sabores emocionales de la mano de los Scannapieco, artesanos de recetas ancestrales del vero gelato italiano.
Comenta Carola: “Vine a Madrid el año pasado e hice tres funciones de Okāsan. Para mí tenía mucho peso, mucho sentido, venir justamente al país donde vive mi hijo y hablar en la obra de una madre cuyo hijo se fue a vivir a otro país -subraya-. Me vinieron a ver muchos argentinos, casi todos eran los que se habían ido, eran esos ‘hijos’ que emigraron. Y con respecto a los españoles, es increíble cómo admiran y aprecian el teatro argentino.”
-¿Por qué les parece que sucede eso?
Boy: Vengo a España hace 40 años por razones afectivas, familiares y veo que en Europa hay una riqueza que en la Argentina no tenemos en cuanto a la calidad del acervo histórico. Tenemos otra cosa, que tiene que ver con la juventud de nuestro país. Y con esa creatividad que es producto de la variedad de orígenes que conforman la cultura argentina. Entonces es verdad: hay 400 espectáculos por fin de semana en Buenos Aires para ver en teatro. Aquí, en cambio, está el peso de la historia. Allí, se da la liviandad de la juventud para hacer y generar. También, al no tener una estabilidad económica, en general, la manera de sobrevivir es generar algo creativo.
Carola: Creo que tenemos una avidez cultural, una chispa que no tiene que ver con lo económico. Hay algo que va más allá de si voy a poder vivir de esto, si es lo que tengo que hacer. Eso tiene una gran potencia, ahí hay una convicción, un deseo y una búsqueda brutal. Yo, por ejemplo, como actriz, compañera y amiga de actores, en Buenos Aires no llego a ver todo lo que quiero ver de la enorme producción teatral que tenemos.
Sensibilidades para un teatro universal
Carola Reyna y Boy Olmi se encuentran con un su amigo Alan (izq), mientras recorren Madrid, una ciudad en la que se sienten locales. Foto: Cézaro De Luca
-¿Cómo perciben la sensibilidad española? ¿Hay temor de que algo de lo que representan sea en código muy argentino y el público madrileño no lo entienda?
Boy: No, el teatro, cuando funciona, es universal. Esto viene desde los griegos hasta ahora. Cuando uno se compromete con algo muy hondo en el teatro, es universal y es para todos. Los dos, con nuestros unipersonales, estamos hablando de la esencia humana, de los vínculos, de la relación entre madres e hijos, parejas, el amor, la vida, la muerte, el paso del tiempo. En el caso mío, que el espectáculo parece absolutamente autorreferencial porque se llama Boy y porque cuenta algunos momentos claves de mi historia personal, no es un anecdotario egocéntrico de las cosas que me pasaron, sino que es el descubrimiento de que a todos nos pasan cosas muy parecidas. Y aquellas cosas que me pasaron a mí encuentran una resonancia en mi público, ya sea joven, viejo, argentino o español.
Carola: También creo que es un momento donde hay tanta parafernalia en general, que los espectáculos teatrales que van muy a lo esencial conmueven. Es como cuando antes buscabas la gran cadena de hoteles y ahora estás buscando la cabañita junto al arroyo, lo natural.
Boy: Es admirable. En la obra de Carola ves a una mujer sola, con dos palitos y un papelito, y te lleva de viaje por el mundo entero. Y en el caso del mío, hay un despojo tan absoluto como que estoy vestido casi sin vestuario, casi sin de escenografía. Estoy desnudo. Mucho más expuesto de lo que estuve en toda mi vida.
-¿Se les ocurre fantasear con la posibilidad de mudarse a España?
Carola: Yo siempre tuve bastante arraigo con mi lugar. Hasta los siete años no tuve un lugar fijo y viví en muchas ciudades. Sin embargo, también tengo un hijo acá, en Madrid. No creo que vendría a vivir del todo, pero si encontrara un motivo por el cual pasar bastante tiempo aquí, sí podía pensarlo. Tenemos, además, una relación de mucho amor argentino allá. Desde lo que te demuestra la gente hasta los vínculos, los afectos familiares y amistosos.
Boy: No sé si vendría a vivir a España. Tengo un hijo allá, tengo los amigos. Generé un espacio en Argentina que va mucho más allá de ser actor. Yo no me defino como actor solamente y de esto también trata mi espectáculo. Tal vez pienso más en irme a vivir a mi casa frente al mar que a Madrid.
-¿Cómo viven el clima social, político y económico que se respira en este momento en Argentina?
Carola: Yo reconozco que venir a Madrid es un respiro. Como cuando estás por hundirte en la pileta y tomás aire antes de volver a sumergirte. Siento que acá tomo una distancia consciente. No me desconecto, por supuesto, pero me doy un pequeño recreo de esa vibración minuto a minuto de lo que sucede, que es tan intensa y tan nuestra.
Boy: Mirá, yo nací en 1955. A partir de ese momento, nunca dejé de percibir que estaba en realidades casi distópicas. O de mucha violencia o de mucha angustia social o política, que forma parte de nuestro ADN como nación. Hoy se vive un momento particularmente complejo en la Argentina, como también es un momento particularmente complejo en Europa, frente a las guerras, como también es un tiempo complejo desde el punto de vista climático y social. Es decir, creo que no hay un lugar en el que hoy uno puede decir: “Acá se respira”.
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