Gabriel Machado vivió más de la mitad de su vida detrás de una lente, lo bautizaron el fotógrafo de las estrellas porque retrató a íconos argentinos y de Hollywood. Además, es artista plástico y desde junio, actor. Debutó en El curioso incidente del perro a medianoche, la obra dirigida por Carla Calabrese en el Teatro Maipo. A días de cumplir 60 años, confiesa que nunca se había imaginado en un escenario.

No obstante, “Machadito”, como lo llaman, reconoce que la actuación siempre estuvo al acecho, aunque no lo supiera. Amante del teatro, el cine y la televisión, es capaz de recordar los nombres de los personajes de ficción de las celebrities a las que ha fotografiado, tanto que Mirtha le ha dicho: “Usted sabe más que mi propia familia” y Adrián Suar lo considera eminencia en esas lides.

Nació el 20 de agosto de 1966. Creció en un humilde hogar de La Tablada hasta que con José Cicala, su compañero de la universidad, fundó Machado-Cicala, la explosiva dupla fotográfica que lo impulsó al mundo.

Hijo único, se casó muy joven con Maricel, la prima de Cicala, es papá de Nazareno (32 años, odontólogo) y de María Paz (28, emprendedora y estudiante de marketing digital). Separado y por ahora solo, nos recibe en su casa-estudio de Villa Crespo, un espacio inmenso donde cada objeto tiene su impronta.

-¿Crees que todo en tu vida empezó por casualidad?

-Me gustó siempre el arte, dibujo y pinto desde los 3 años. Soy hijo único y era bastante solitario entonces, me gustaban los días de lluvia porque estaba justificado no salir, ver en televisión películas de los años 40.

Conocí a José Cicala en el '85, en la Universidad de Lomas de Zamora, cuando estudiábamos Publicidad. Desde el '90 hasta el '93 fuimos letristas, pintábamos con un pincel los nombres o carteles de los negocios de Tablada, Lanús o donde fuera, hasta que llegamos al Complejo La Plaza... para pintar carteles.

Hicimos los tres subsuelos del estacionamiento, ¡las flechas están hechas por Machado-Cicala! Y los pajaritos y fileteados del restaurante “Las cañas” fueron pintados por nosotros. Hasta que un día sin haber agarrado nunca una cámara dijimos: “Hagámonos fotógrafos”, y en el '93 formamos Machado-Cicala, estudio fotográfico. Compramos una cámara Zenith que nos salió cien dólares y acá estamos.

Gabriel Machado y un cuadro con la foto que le hizo a la cantante Cher. Foto: Ariel Grinberg

-¿Siguen siendo socios?

-¡Sí!, desde el 85 hasta hoy. Yo me casé con su prima. Empezamos a hacerle fotos a chicos de teatro y enseguida apareció en nuestra vida Ricardo Piñeiro. José bajó a comprarse un sándwich de milanesa al kiosco, enfrente del estudio que alquilamos en Montevideo 174, porque para seguir pintando y hacer fotos necesitábamos estar cerca.

Cuando José lo ve a Piñeiro, le dice: “Somos fotógrafos, hacemos esto...”. Le gustaron nuestras fotos y a la semana nos llamó para hacer el book entero con todas las modelos para Punta del Este. Y de un día para otro en el estudio, que era una nuez de chiquito, estaban haciendo cola Mariana Arias, Florencia Raggi, Daniela Urzi, Carolina Peleritti, Paula Colombini, todas los modelos de ese momento, las más maravillosas.

Puro teatro

En El curioso incidente del perro a medianoche comparte escenario con Iñaki Aldao, (Christopher, adolescente con Síndrome de Asperger) y un sólido elenco que integran, entre otros, Carla Calabrese, su hijo Theo Piñeyro y Tomás Albertoni (hijo de Eleonora Cassano).

Machado cumple cinco roles distintos: policía, vecino fotógrafo (aparece con su cámara y su flash), vendedor de guías, pasajero de tren y quien porta una revista Playboy (otro guiño a su profesión, porque es la tapa que hizo con Nicole Neumann hace veinte años).

Gabriel Machado, de retratador a retratado. Un personaje del espectáculo argentino, con proyección internacional. Foto: Ariel Grinberg

-¿Actuar era tu sueño, un pendiente, algo que decías: “No me quiero morir sin...”?

-¡Nunca en mi vida! Es un sueño, pero que nunca soñé. Me gusta sentarme y ver teatro, cuando viajo veo teatro, en Buenos Aires veo teatro, y veo todo. Soy como alguien que le gusta mucho comer, pero nunca se imaginó cocinando.

Hasta que un martes a las dos de la tarde, Carla Calabrese me manda mensajito: “Gabi me encantaría que hagas unos personajes en El curioso incidente... ¿Te animás, o es una locura lo que te estoy pidiendo?”. Sin pensarlo, grité: “¡¡¡Siiii!!!”. Ahí me salió todo el deseo que tenía oculto. Es lejos lo mejor que me pasó en la vida, más que hacerle fotos a John Travolta o Al Pacino...

El camarín de Gabriel Machado en el Maipo, con una tapa ficticia de Vanity Fair.

-¿No estás exagerando un poco?

-¡No! Cuando se abre el telón todo es mágico. Empieza la oscuridad y ves a Iñaki en el papel de un chico con Asperger y entrás en ese mundo, no decís “Están actuando”. No, te metés y es como una hipnosis maravillosa que por dos horas te extrae de la realidad.

-¿Quién te llevó por primera vez a un teatro?

-La maestra de tercer grado, en micro, a ver El arenero de los sueños, sala Martín Coronado del San Martín. Fila dos y estuve casi sin respirar toda la obra. Pasó el tiempo, y en cuarto año de la secundaria empecé a ir al San Martín. Solo, porque no tenía quien me acompañe, tomaba el 126, caminaba como quince cuadras y veía cosas divinas, a Juana Hidalgo, a Alfredo Alcón…

Ya más grande, recuerdo a Mabel Manzotti en Memorias de un adolescente en el Astral, Nacha en el Maipo, China (Zorrilla) en Una Margarita llamada Mercedes en el Liceo, Susana Giménez en Sugar en el Lola Membrives, Cipe Lincovsky que me encantaban sus unipersonales, Nélida Lobato y Víctor Laplace en Así como nos ven, en El Nacional.

Gabriel Machado con Valeria Mazza, una de sus preferidas, cuando lo declararon Personalidad Destacada de la Cultura.

-Sos amigo de Carla, ¿le preguntaste por qué pensó en vos?

-Porque Carla me regaló dos cosas en la vida de las más hermosas. Yo pinto y cuando muere Lino Patalano (2022), al tiempito, un domingo al mediodía me llama: “Gabi, quiero que hagas un retrato de Lino”. Casi me muero, porque trabajé con Lino y era un amigazo por más de veinte años, hice las fotos de todas sus obras, de Les Luthiers a Sunset Boulevard, que fue la última. Y ver que hoy está Lino pintado por mí en el hall del Maipo, donde también estoy actuando, es algo maravilloso.

-¿Te acordás cuándo conociste el Maipo?

-A los 19, fui solito a ver Eva con Nacha Guevara, también en el 126. Fila 6, quedé deslumbrado con Eva, con Nacha y con el teatro. Conocí a Nacha en 2005, cuando le hice fotos para El graduado, obvio le conté que la había visto en 1986 en Eva.

En 2007, en una fiesta de revista Gente, me abraza: “Gabi vuelvo a hacer Eva y quiero que hagas las fotos”. En ese momento, me acordé del chico de Tablada, de 19 años que estudiaba Publicidad. Amo a Eva Perón por sobre todas las cosas y cuando vi a Nacha en mi estudio transformándose en Eva no podía parar de llorar mientras hacía esas fotos.

Gabriel Machado, con uno de sus cuadros. Dice que ser actor es un sueño cumplido que ni siquiera había soñado. Foto: Ariel Grinberg

-¿Qué sentiste al entrar al Maipo como actor?

-¡Tengo mi nombre en la puerta del camarín! José Cicala lo decoró y armó un espacio con fotos mías en tapas ficticias y títulos muy divertidos de Time, People, Vanity Fair...

Soñar no cuesta nada

Gabriel Machado y el astronauta que decora su estudio. Foto: Ariel Grinberg

-¿Cómo fue que un chico de origen humilde pudo llegar tan alto?

-Porque mi mamá, a pesar de que como mi papá tenía sólo segundo grado de primaria, amaba el teatro. Una amiga, que era bastante más acomodada que ella, la llevó a ver a Edith Piaf y entonces me hablaba de La Piaf. Mi mamá me llevaba a ver películas del cómico francés Louis de Funès, y en la tele veíamos todas las películas argentinas.

Mi frase de cabecera de chiquito era: “Qué suerte que a mí me tocó ser yo”. A pesar de que no fue una infancia tan hermosa, yo me bañaba con un tacho que mi mamá calentaba el agua, no teníamos teléfono obviamente y tuve una vida humilde.

Gabriel Machado con Carla Calabrese, la directora y actriz que lo convocó para "El incidente del perro a medianoche".

Mi papá trabajaba en un matadero de San Justo y su olor era el olor a sangre seca, de animal. Mi mamá tejía para afuera. Vivíamos en una casita, en la calle San Pedro, a dos cuadras de Crovara y a seis del Regimiento de Infantería. Cuando fue el Copamiento en enero del '89, literalmente con mi mamá y mi papá creímos que nos moríamos, cuando explotó el Casino de Suboficiales nos metimos los tres abajo de la mesa de la cocina.

-¿De qué forma te inspiró tu papá?

-Mi papá era el presidente de la Cooperadora de mi escuela, la Número 8 República de Panamá de La Tablada, festejábamos la independencia de Panamá, cantábamos el himno panameño. Y mi papá, que no sabía casi leer ni escribir, estaba con su traje sentado entre el embajador de Panamá y la directora. Yo terminé séptimo en el '79, pero él siguió siendo presidente por cuatro años más, ahora me doy cuenta lo que eso sería para él.

Mi papá era muy cerrado conmigo, nada que ver con lo que fue con mis hijos. Yo no le correspondí tanto el amor en vida como sí lo hice después.

Gabriel Machado y Cher. A la cantante le hizo dos tapas de discos.

-¿Cómo?

-Cada vez que estoy haciendo fotos, a hombres y mujeres, les hago hacer la pose de mi papá. Les pido que pongan este brazo acá (codo derecho apoyado en pierna derecha), porque mi papá se sentaba así. Y antes del clic digo: “Este brazo en honor a mi viejo”.

Sé que en vida no tuvimos una comunión, pero, ¿sabes qué? Era el abuelo Armando, el preferido de mis hijos. Mi exmujer lo amó, era como su hija y en su última etapa con el cáncer de páncreas ella lo llevaba en el auto y él hacía planes para su casa de Santa Clara del Mar que hizo como pudo, pesito por pesito. En esa casa pasamos nuestra luna de miel ¡y con mi papá!, porque se rompió la llave y él tuvo que viajar para arreglarla. Todo en mi vida fue muy pintoresco, ¡hasta el apellido! Yo soy Días Machado por mi papá, familia portuguesa, y mi mamá Díaz. Ella era Elsa Díaz de Días Machado.

Gabriel Machado con Kate Moss. Celebridades a full.

-¿Qué dibujabas de chiquito?

-Siempre me gustaron los rostros. Mis dibujos tienen que ver mucho con mis fotos: la boca entreabierta, los cuellos largos... Es por algo que marcó mi vida por siempre, a los ocho años, junio del '75, mi mamá tuvo la maravillosa idea de llevarme a ver Nazareno Cruz y el lobo, quedé detonado. Mi hijo se llama Nazareno, imagínate por qué... Cuando él tendría 4 años, nos encontramos a Leonardo Favio en el restaurante “Pepito”, me presenté y le hablé de mi fascinación con su película. Maricel, que la sabía de memoria por mí, le recitó una parte. Favio agradeció y nos abrazó muy emocionado.

Y un día, hace más de diez años, apareció Juan José Camero en el estudio acompañando a una chica que vino a hacerse un book. Bajé cuando ya se estaba yendo en la camioneta, lo paré y le conté. Terminé en su casa comiendo con mi hijo.

Gabriel Machado con su hijo Nazareno y Juan José Camero. Fan del actor, terminó almorzando con él el día que lo conoció.

-¿Sos cholulo?

-¡Re cholulo! En séptimo grado llevaba a ATC a mis compañeros de La Tablada, tomábamos el 126 y nos quedábamos todo el día esperando para los autógrafos. Tengo toda la grilla de ATC del año '79: Comicolor, los sábados a las 21; de 7 a 8 Andrea Celeste; de 8 a 9 Los hijos de López; de 9 a 10, 60 minutos. Íbamos a Show fantástico, los sábados y a A todo color, los domingos. Yo iba a sentarme de tribuna, fui a la de Pinti cuando hacía Los pingüinos. ¡Era cholulo de verdad! Adrián Suar lo dice, la persona que más sabe de televisión y cine en la Argentina es Gabriel Machado.

De La Tablada a Hollywood

Un dibujo de John Lennon, hecho por Gabriel Machado.

-Luego de las modelos de Piñeiro, ¿cuál fue tu primera foto importante?

-Ana María Picchio para una revista de vida natural, cuando llegó le dije: “Me encantó Breve cielo, La tregua, eras Laura en Andrea Celeste, hiciste Chechechela y la versión de Me llaman Gorrión, que se llamaba Pelusa. Después de la Picchio le hice fotos a Araceli González, que también era mi locura, enamorado de ella como todo el mundo en los '90. Y Valeria Mazza, que la amo.

-Hasta que llegaste a Susana y a Mirtha.

-Tardaron en llegar... Susana en el 2006. Mirtha en el 2000 más o menos.

Gabriel Machado con Mirtha Legrand. Retrató a la diva por primera vez en el año 2000.

-Y después internacionales.

-Al Pacino, porque soy muy amigo de Lucila Polak, su ex mujer, una de las primeras modelos que hice para Piñeiro. John Travolta, Kate Moss, Cindy Crawford... De Cher, hice la tapa de dos discos: Closer to the Truth (2013), ella rubia, de blanco y en la cama; y Dancing Queen (2018), que hace un tributo a ABBA y son dos perfiles, morocha y rubia.

Gabriel Machado y Susana Giménez. Posó para su lente en 2006 por primera vez.

-¿Pensás seguir actuando?

-¡Sí! Sin dejar la fotografía, sin dejar de pintar y sin dejar de exponer mis cuadros, voy a hacer todo. Siempre me dicen que haga algo con mi historia, con lo que viví, de ver a mi papá matando vacas a fiestas con Barbra Streisand, comer con Cher, fin de año con Al Pacino... De Tablada a Hollywood, toda mi vida es muy loca.

-¿La fama nunca te encandiló como para hacerte olvidar de dónde venís?

-Al contrario. Yo digo pieza, no cuarto, es la palabra clave, si decís pieza, sos de los míos, sos conurbano. Yo tengo mi Gabriel Machado de 8 años viendo Nazareno Cruz... saliendo del cine con la cabeza loca de amor por Favio, fascinado con Marina Magalí, que hacía de Griselda, la dibujé toda mi vida, puedo dibujar su perfil con los ojos cerrados, el pelo rubio, esa ceja finita, la nariz larguita... Murió hace poco, el 21 de julio, y no sabés la tristeza que siento, fue mi primer amor, mi amor platónico.

En escena. Gabriel Machado con Iñaki Aldao en "El incidente del perro a medianoche".

-Cumplís 60 el 20 de agosto, ¿qué vas a celebrar?

-La vida, estar vivo. Ya tengo más pasado que futuro. Cumplo 60, es mucho. Yo me siento bárbaro, pero que ya me comí más de la mitad del paquete de galletitas Vida. Y lo bueno es que hoy estoy viviendo un nuevo renacer.