Este Belgrano, campeón por primera vez en la máxima categoría del fútbol argentino, es un equipo que jerarquizó un campeonato que, por su discutido formato, no admite distracciones ni fallos en los momentos decisivos. Es el equipo de Lucas Zelarayán, más guapo que todos para pedir la pelota cuando quema. Es el equipo de Santiago Longo, que se hizo cargo de reemplazar al Mudo Vázquez cuando Ricardo Zielinski se dio cuenta de que debía armar un medio más rocoso. Es el equipo de Leo Morales, quien se la bancó pese a la ausencia de Licha López. Es el equipo del Tanque Passerini, pese a que en el Kempes estuvo disminuido físicamente y no tuvo su mejor tarde. Pero pasará a la historia como el equipo de Nicolás Fernández. Uvita. Fue el hombre de los goles decisivos en este Apertura 2026. Fue el héroe de la final.
Uvita Fernández fue titular en apenas 12 partidos de los 20 del torneo. En otros siete fue suplente. Ni siquiera sumó minutos en el clásico de los octavos de final frente a Talleres. Sin embargo, cuando le tocó entrar, fue decisivo. Como en la cancha de Argentinos, en las semifinales, marcó el empate agónico que llevó la definición al alargue y a la tanda de penales. Aquí, en Córdoba, le tocó ingresar desde el banco a la media hora del segundo tiempo. Y, tocado por una varita mágica, marcó un par de goles para dar vuelta la historia que ya son parte de una película que los hinchas del Pirata no se cansarán de mirar. “Este viejo me va a tener que empezar a poner porque si no lo voy a matar”, dijo en referencia a Zielinski, un poco en broma y otro poco en serio, también eufórico, en medio de la celebración.
Este título también es doblemente especial para el delantero con pasado en Defensa y Justicia y San Lorenzo. Porque, con 30 años, es el primero que consigue en su carrera. Obvio que hace fuerza para ganarse lugar en la consideración del DT con la motivación de saber que en 2027 jugará la Copa Libertadores.
Morales, Uvita y Passerini.
Foto: Fernando de la Orden
En la tarde del Kempes, cuando River ganaba 2-1 y parecía haber dado el golpe que lo acercara a la consagración, Passerini, ya amonestado, debió dejar la cancha por una molestia en el gemelo derecho. Ahí apareció la oportunidad para Uvita. Y la aprovechó al máximo. Ingresó a los 31 minutos del segundo tiempo y fue determinante. Por eso, pese a que jugó menos de 20 minutos, se lleva un 10 en la calificación de Clarín. Dos goles en tres minutos para ser campeón no pueden tener otra calificación.
En el tramo final y abajo en el marcador, Belgrano jamás entró en la desesperación. Su delantero estrella, figura con un doblete, recibió la pelota dentro del área, tuvo la paciencia para enganchar ante la marca de Lucas Martínez Quarta y no se dejó amedrentar por la gran cantidad de piernas rivales para filtrar un pase que derivó en el penal por una mano de Lautaro Rivero que detectó el VAR. ¿Quién se hizo cargo? El propio Fernández, imperturbable, la clavó al ángulo como si estuviera practicando junto a sus hermanos, Brian, Leandro y Juan Cruz, en su Santa Fe natal. La cruzó con fuerza arriba y Santiago Beltrán, que se arrojó al palo opuesto, nunca hubiera podido detener ese remate.
El 2-2 envalentó al Pirata, que atropelló a un River repleto de juveniles que sufrió el cierre del partido. El 3-2 fue una nueva definición precisa de Fernández, quien conectó de zurda un centro de Vázquez para encontrar a contrapierna a Beltrán. “Se me criticó durante algún tiempo. Pero el tiempo da la razón. Se hablaba de que pagaron 3 palos y medio o 2.300.000. Bueno, ya lo pagué. Ahí tienen, para toda la vida. Que lo disfruten. Y gracias por el cariño. Yo siempre lo sentí pese a las críticas. Esas críticas me llevaron para adelante porque soy un luchador”, cerró el goleador antes de irse a festejar.
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