Hubo opiniones divididas entre los hinchas de Belgrano de Córdoba a la hora de elegir el partido más importante de su historia: unos se quedaron con la Promoción del 2011 porque, además de lograr el ascenso a la Primera División, tuvo el agregado de mandar a un gigante como River Plate a la B; otros, en cambio, optaron por el duelo de octavos de final del Torneo Apertura 2026 frente a Talleres por lo que significó eliminar en un mata-mata al clásico rival. Y todos, a su vez, coincidieron en poner a la final con River por encima de todo. Sin embargo, todos esos highlights de la historia celeste tienen a un estandarte: Ricardo Zielinski (66 años).

"Si ganamos, me hago tatuaje. No tengo ninguno, pero en este caso creo que me lo haría. La fecha, el escudo, la cara del Ruso, algo. Va a ser para toda la vida”, había anticipado un hincha ante la consulta de Clarín en relación a posibles promesas si Belgrano se consagraba campeón.

"Hay que ponerle una estatua en el medio de la (avenida) Colón", propuso otro de los fanáticos mientras caminaba hacia el banderazo del sábado. "Sí, sin dudas. En Alberdi, en la esquina de la cancha, en la Plaza Colón, al lado de la estatua de Rodrigo. Sacamos la de San Martín y ponemos la suya", se sumaron otros. Y así demuestran que la palabra ídolo ya le queda chica al experimentado técnico de 66 años, ese que se puso el saco por primera vez hace casi 30 años, el 31 de agosto de 1996, cuando asumió los destinos de Ituzaingó en la Primera C.

EL PADRE DE LA CRIATURA. Con la sobriedad que lo caracteriza, el RUSO ZIELINSKI tuvo su momento a solas con la copa del #TorneoApertura... ¡Salud! 🍾🥂

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— SportsCenter (@SC_ESPN) May 24, 2026

"Son decisiones", decía el recordado Miguel Ángel Russo. Aunque esa frase a veces la utilizaba para evitar alguna declaración que lo pudiera meter en problemas, tenía toda la razón. Y Zielinski, justamente, dio en la tecla con decisiones que resultaron siendo clave para explicar a este Belgrano campeón.

Hizo ruido cuando eligió sacar del equipo titular al Mudo Vázquez, un jugador que trajo de Europa toda su jerarquía y que es muy querido por los hinchas. Sin embargo, la derrota con Gimnasia y el golpazo que previamente había sufrido en el Monumental, una inapelable derrota 3-0, acentuó un momento de muchas dudas y obligó al DT a pegar un volantazo: afuera Vázquez y adentro Santiago Longo, un mediocampista de corte defensivo que le aportó equilibrio al equipo y permitió que los de arriba se suelten.

Otra virtud: el manejo de grupo. Uvita Fernández, con chapa para ser titular, mostró siempre la mejor cara pese a ir mayormente al banco de suplentes y respondió con goles decisivos como los que le convirtió a River en el Kempes. "Este viejo, me va a tener que empezar a poner porque sino lo voy a matar", bromeó el héroe de la noche, tras su decisivo doblete.

En la conferencia de prensa posterior a la final, además, el técnico reconoció lo hecho por sus jugadores y no aceptó ponerse en el centro de todos los elogios. "Este plantel quedó en la historia del fútbol cordobés. Lograr un título ante River es muy meritorio. Es un título que va a quedar en el recuerdo para toda la vida", señaló.

"Mi corazón siempre va a estar en Belgrano", dijo Zielinski. Foto: Fernando de la Orden/Enviado Especial

"La gente nos dio fuerzas. Volví para esto, para tratar de darles alegrías a los hinchas. Y por suerte lo hemos podido lograr", comentó el Ruso. "Belgrano es sentimiento, pueblo, la gente te da todo. Volví para tratar de ayudar y por suerte le dimos un título. Estos chicos quedaron en la historia del fútbol cordobés", aseguró.

La estadística, además, realza todavía más la figura de Ricardo Zielinski en la historia de Belgrano de Córdoba. Dirigió al Pirata 267 veces en sus dos ciclos en el club (2011-2016 y 2025-2026), tiene un valioso 49% de efectividad y persigue la marca de Eduardo Pereyra, el récordman del club cordobés con 327 presencias. "No tengo el celular de Dios, el teléfono es mío", dijo el Ruso cuando lo compararon con Carlos Bianchi. Y, así, de pronto, la idea de la estatua ya no parece tan alocada.