Hay una escena que se ha venido repitiendo durante los últimos años en las tribunas del court Guillermo Vilas del Buenos Aires Lawn Tennis, donde se lleva a cabo el ATP 250 porteño. En medio de un cambio de lado, la voz del estadio invita a recibir con un fuerte aplauso a una invitada muy especial, quien ya está desde hace algunos minutos acomodada en uno de los palcos del estadio. Es Gabriela Sabatini, un ícono. El público se pone de pie y da una extendida ronda de aplausos que en ocasiones llega a demorar la reanudación de algún partido. Incluso quienes nunca la vieron jugar le rinden homenaje. Y se siente algo diferente en el ambiente. Resulta impactante.

"Es increíble. Hoy disfruto mucho de toda esta conexión que hay con la gente. Es algo maravilloso, difícil de explicar. A mí me emociona cada momento que vivo con la gente, cada interacción que tengo con las personas. La verdad es que no puedo creer esto lindo que se vive y me encanta poder charlar con la gente, estar con la gente. Estas cosas que suceden me emocionan enormemente. Es muchísimo", responde Gaby a Clarín.

"Me pasa que a veces viene algún chico, un chiquito, y yo pienso: 'este nunca me vio jugar, ni había nacido'. Es muy lindo para mí. Estas cosas que suceden son cada una de ellas en sí mismas una anécdota y me llenan un montón", añade la campeona del US Open 1990, de 55 años, que el próximo 24 de octubre cumplirá tres décadas como extenista. Es puro carisma.

De todos modos, la historia de Sabatini con el tenis no siempre fue tan feliz. Recibió duras críticas, muchas de ellas crueles y un tanto injustas, y debió aprender a lidiar con el alcance de su figura. ¿Por qué no es número uno del mundo?, decían algunos, como si Steffi Graf y Mónica Seles no fueran rivales de peso en esa lucha. ¿Cómo no consigue ser más consistente?, se preguntaban otros. Incluso se le achacaba la timidez que mostraba tanto dentro como fuera de la cancha. Y sufrió un desgaste que la llevó al prematuro retiro a los 26 años.

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Gabriela Sabatini, con Clarín: la mejor tenista de la historia a corazón abierto

De las críticas a la idolatría eterna, ¿cómo cambió tan drásticamente la percepción que muchos tienen sobre ella? "No sé si fui tan criticada -arranca y recalcula-. Creo que (la crítica) es algo normal muchas veces, un tema que es más del periodismo esa exigencia de por qué no fui la número uno, por qué no gane tal torneo. Eso creo que siempre está, pero es más una cosa de la prensa. Yo jamás lo sentí de la gente, al contrario, siempre sentí muchísimo cariño", explicó.

"Es difícil cuando una escucha o lee algo negativo en alguna nota: que no di todo, que no podía llegar a tal punto o ganar tal torneo. Es difícil porque hay mucho detrás. Obviamente, todos sabemos lo que que hay detrás, que no es fácil. No es fácil llegar y mantenerse. Me quedo tranquila con todo lo que hice y te digo que siempre sentí mucho cariño y apoyo de la gente. Eso siempre me ayudó un montón", concluyó al respecto.

Ya es una costumbre verla a Sabatini cerca del tenis, al margen de sus visitas al ATP de Buenos Aires. Disputó dos veces (en 2022 y 2023) el torneo de leyendas de Roland Garros en dobles junto a Gisela Dulko, acompañó a Juan Martín Del Potro en su emotiva despedida frente a Novak Djokovic en el estadio Mary Terán de Weiss del Parque Roca y acudió en 2025 al "Hall of Famers Club", en Miami, donde se reencontró con Martina Navratilova, una de las mayores rivales que tuvo a lo largo de su carrera.

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Sin embargo, después del retiro hubo años que pasó alejada del mundo de las raquetas. "Estaba empezando a odiar al tenis", confesó en una charla con Agustín Crevvy, histórico capitán de Los Pumas devenido en youtuber. Ahora explica con mayor profundidad ese proceso que atravesó.

"Necesitaba una distancia en el momento en que dejé de jugar porque venía ya un poco agotada mentalmente. De hecho, esa fue la decisión por la cual dejé de jugar. Tomé un poco de distancia, un tiempito. Lo necesitaba. Y después te das cuenta que el tenis es todo. Es maravilloso todo lo que me dio, todo lo que soy hoy, todo lo que aprendí, la posibilidad de conocer gente. Por eso hoy me gusta estar cerca y siempre lo voy a estar. Es parte de mi vida", reflexionó.

Su más reciente aparición pública fue en San Pablo, donde estuvo junto a Del Potro como embajadora del Roland-Garros Junior Series by Renault, torneo que enfrentó a los mejores jugadores menores de 17 años de Latinoamérica y que entregó dos cupos para el Grand Slam parisino. "Es increíble esto que hace Roland Garros en Sudamérica. Poder tener un torneo de esta calidad por lo que significa Roland Garros, por la forma en que está organizado, por la pasión que hay en estos países, tanto en Brasil y en Argentina como en todo Sudamérica. Está muy bueno que los chicos tengan esta experiencia", contó al respecto.

Fue otro momento de conexión con su gran pasión, así como también estuvo el año pasado en la premiación del WTA 125 de Mallorca que ganó Solana Sierra. Sin importar el motivo y el lugar, el tenis la llama. Y Gaby está.