El penal ya no es una garantía en el fútbol de elite. En los Mundiales, los once metros se transformaron en una de las acciones más determinantes —y a la vez más inestables— del juego moderno. La combinación entre mayor intervención tecnológica, preparación específica de arqueros y presión psicológica elevó el nivel de exigencia hasta convertir cada ejecución en un duelo mental extremo.

Desde la implementación del VAR en Rusia 2018, el penal cambió de escala. La herramienta no solo corrigió decisiones arbitrales: también incrementó su presencia. Se cobraron 29 penales en Rusia, 16 más que en Brasil 2014. La mayor precisión en la detección de infracciones dentro del área derivó en más sanciones desde los doce pasos, alterando el volumen global de ejecuciones en comparación con ciclos anteriores. El penal pasó a ser más frecuente, pero no necesariamente más sencillo.

En ese marco, los números muestran una tendencia que se consolida a lo largo de tres Mundiales. En Rusia 2018, se ejecutaron 68 penales entre tiempo reglamentario (29) y tandas (39), con 20 fallos, lo que representa un 29,4% de error. En Qatar 2022, el registro fue de 64 ejecuciones (23 en tiempo reglamentario y 41 en definiciones) y 21 fallos (32%). En el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, con el torneo en desarrollo, ya se contabilizan 33 penales ejecutados (11 en los 90 y 22 en las tandas) y 13 fallados, lo que eleva el porcentaje al 39%.

Luego de que Sanabria y Balbuena desperdiciaran la chance de liquidar a Alemania, Tah tiró su penal muy por encima del arco de Gill y le dejó servida la épica a CANALE.

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De hecho, en la tanda de penales que definió que Marruecos se impusiera ante Países Bajos para acceder a los octavos de final se registró la tanda de penales con menor efectividad en la historia: se ejecutaron 10 remates y convirtieron apenas 5 con un 50 por ciento de acierto.

Más allá de las variaciones en el volumen total, el fenómeno es consistente: el penal moderno es más frecuente, pero también más incierto. La tecnología redujo la polémica, pero no la dificultad. Por el contrario, la sofisticación del análisis táctico y la preparación específica de arqueros trasladaron el eje del problema hacia otro lugar: el mental.

¿ALGUNA VEZ VISTE UN PENAL TAPADO ASÍ? ¡BONO LE ATAJÓ LA EJECUCIÓN A SUMMERVILLE!

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En la actualidad, el ejecutante no enfrenta solo al arquero, sino a un contexto de máxima presión. El silencio previo al remate, la expectativa del estadio, la importancia de la instancia y la irreversibilidad del error convierten cada ejecución en un examen psicológico.

Messi y el penal en los Mundiales

Messi lo tiró afuera ante Austria: su registro es de 7-3 en Mundiales. (Xinhua)

El recorrido de Lionel Messi desde los doce pasos en Copas del Mundo sintetiza, en buena medida, esa tensión entre jerarquía técnica y presión emocional. A lo largo de seis participaciones mundialistas, el capitán argentino atravesó escenarios muy distintos, desde su irrupción en 2006 sin remates desde el punto penal hasta su rol protagónico en los ciclos posteriores.

En Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 no ejecutó penales. Su primera experiencia llegó en Brasil 2014, donde convirtió el único que pateó en el torneo, en la tanda de semifinales ante Países Bajos. En Rusia 2018, en cambio, falló ante Islandia en fase de grupos, en un inicio marcado por la presión de la expectativa sobre la Selección Argentina.

Cuatro años más tarde, en Qatar 2022, asumió un rol central desde los once metros en un equipo que terminó siendo campeón del mundo. Convirtió ante Arabia Saudita, falló ante Polonia en fase de grupos y luego sostuvo una efectividad alta en momentos decisivos: marcó ante Países Bajos en tiempo reglamentario y también en la tanda, anotó en semifinales frente a Croacia y volvió a convertir tanto en los 90 minutos como en la definición ante Francia, en la final.

En el Mundial de 2026, según el registro actual, volvió a aparecer en un contexto de alta exigencia y falló un penal ante Austria en fase de grupos, ampliando un recorrido que refleja tanto su centralidad en el juego argentino como la dificultad inherente al escenario.

En total, Messi acumula diez ejecuciones mundialistas desde el punto penal, con siete conversiones y tres fallos, una estadística que trasciende el número y refuerza la idea de fondo: en el máximo nivel, incluso los mejores quedan expuestos a la presión del momento.

Un cambio de era en el penal moderno

El paraguayo Orlando Gill tapó dos ante Alemania. REUTERS/Amanda Perobelli

La evolución de los últimos Mundiales muestra un fenómeno consistente: desde la llegada del VAR en 2018, el penal no solo se volvió más frecuente, sino también más expuesto a la presión del contexto.

El aumento en la cantidad de ejecuciones convive con una segunda tendencia: la suba del porcentaje de fallos. Y en ese cruce aparece la explicación más relevante del fútbol contemporáneo: el penal dejó de ser una ventaja mecánica para convertirse en un escenario psicológico.

La escena en la definición entre Alemania y Paraguay puede dar muestra de ello. Según el medio alemán BILD, el capitán Joshua Kimmich le preguntó dos veces a Leon Goretzka si quería ejecutar el sexto penal, pero el volante se negó. Luego, Kimmich se dirigió a Waldemar Anton, a Brown y a Malick Thiaw, quienes también prefirieron no asumir la responsabilidad.

🇩🇪🚨ALEMANIA | ESCÁNDALO

Kimmich le preguntó DOS veces a Goretzka si quería patear el 6to penal, el decisivo. Goretzka se negó las 2 veces por cagón

Al final terminó yendo el pobre Tah que nunca había pateado un penal en su vida. Por supuesto lo erró y Alemania quedó eliminado pic.twitter.com/30FOmrzEU0

— Ale Bertini (@abertini1) June 30, 2026

El único que dio un paso al frente fue Jonathan Tah, quien nunca había lanzado un penal en un partido oficial. Su remate terminó por encima del travesaño y selló la histórica eliminación alemana en la primera tanda de penales que pierde en una Copa del Mundo.